El Parque Natural Ischigualasto, que en quechua significa “sitio donde se posa la luna” es una de las reservas geológica, arqueológica y paleontológica más importantes del mundo. Su recorrido es de 40 km, que puede recorrer en su propio vehículo, durante los cuales encontrará diversas zonas donde detenerse y realizar caminatas cortas, siempre acompañado por un guía. En general, mirar todo sin perderse nada ocupa tres horas y media de admiración constante de estas joyas naturales.
Para los científicos, este parque es un libro abierto donde es posible leer con claridad los cambios desde hace millones de años sin tener que excavar. Fósiles de flora y fauna milenaria junto a geoformas diversas producto de la erosión eólica y pluvial preparan un escenario idílico cuyo decorado más extraño es el Valle de La Luna, un grupo de lomadas redondeadas estériles de plantas, formadas por la erosión del agua en rocas arcillosas y arenosas de colores variados, son las que inspiraron a Rogelio Díaz Costa, uno de los primeros periodistas que se dejó conquistar por Ischigualasto, a bautizar el Parque en la década del 60 como el “Valle de la Luna”.
En orden de aparición nos encontramos con las formaciones de el Gusano, Los Rastros, El Balcón del Valle Pintado, Formación Ischigualasto (Valle de la Luna), la Cancha de Bochas, La Esfinge, el Submarino, el Hongo y las Barrancas Coloradas, por nombrar algunos. |